lunes, 13 de octubre de 2008

Inés Dussel: Formación Docente y culturas contemporáneas

Inés Dussel: Formación docente y culturas contemporáneas
"Hasta ahora la formación docente excluyó buena parte de las culturas contemporáneas, no sólo de la tecnología sino también, por ejemplo, la reflexión sobre los cambios sociales, económicos, familiares, etc. Hay que empezar a incorporar estas cuestiones en la formación docente, no sólo en la inicial sino en la que se da en las escuelas."
En esta segunda parte de la entrevista Inés Dussel habla de proyectos de formación docente sobre alfabetización audiovisual y ciudadanía, y de la escuela y las "nuevas alfabetizaciones", las que rodean el lenguaje audiovisual y las que surgen del uso de las computadoras.
Por Verónica Castro -Las nuevas alfabetizaciones son la cultura audiovisual y digital, algo que crece de manera espontánea entre los chicos, y no de la mano de la comunidad educativa o de los adultos (al menos hasta ahora). El problema es qué generación de profesores asumirá estas nuevas alfabetizaciones. ¿Cómo imagina Ud. a los profesores del futuro?
-Primero y principal, creo que un docente es siempre una persona con ganas de transmitirnos algo. No sé si importa si tiene computadoras o tizas o libros en la mano, la cuestión es que quiera enseñarnos algo de lo que sabe, que nos quiera abrir otras puertas al saber. El docente, decía una filósofa española -María Zambrano-, es presencia y es palabra, es silencio, es el gesto de hablar pero también de quedarse en silencio y recibir la atención de sus alumnos, y es el que está a la altura de la confianza que le depositan sus alumnos, que van a escucharlo.
Dicho esto, está claro que ser docente se define en un contexto social y cultural particular. Me parece que hasta ahora la formación docente excluyó buena parte de las culturas contemporáneas, no sólo de la tecnología sino también, por ejemplo, la reflexión sobre los cambios sociales, económicos, familiares, etc. Creo que hay que empezar a incorporar estas cuestiones en la formación docente, no sólo en la inicial sino en la que se da en las escuelas, con los profesores en ejercicio, y en forma perentoria. Se están realizando esfuerzos importantes en esa dirección, del cual, sin ir más lejos, Educ.ar es un buen ejemplo, pero tenemos que avanzar a todos los niveles para que sea un compromiso efectivo, y que no queden en políticas aisladas.
En el caso de la alfabetización digital y audiovisual, como bien decís en la pregunta, el tema es que el mercado lo está haciendo solo: las nuevas tecnologías ya están allí, moldeando sus vidas, marcándoles límites de lo que pueden ver o pensar, señalándoles que hay ciertas maneras de hacer las cosas y no otras. El ejemplo de la imagen que di antes me parece que es claro. Tenemos imágenes por todos lados, estamos inundados de imágenes, muchas veces escabrosas, cada vez más shockeantes, que parece ser que es lo que genera algún impacto en una audiencia acostumbrada a ver casi todo.

Y en ese contexto, tomamos a la imagen como un dato, como una representación transparente de la realidad (en el mejor de los casos, nos preguntamos sobre la ideología o los intereses económicos de quien la produjo), pero hay mucho más por investigar y reflexionar. Esa imagen que me muestran, ¿podría ser distinta? ¿Qué condicionamientos impone la técnica y la tecnología? ¿Qué decisiones tomó el autor? ¿Cómo está circulando y por qué? ¿Qué consecuencias tiene esto en la sociedad? ¿Qué efectos busca producir en mí? ¿Estoy de acuerdo con eso? Me parece que buena parte de nuestra formación moral y política hoy viene dada por los medios: lo que nos conmueve, lo que nos horroriza, lo que incluso nos conmina a votar en una u otra dirección, tiene que ver con textos y sobre todo con imágenes que producen los medios. Habría que reintroducir un relato, una narrativa, una explicación, y sobre todo poder detener ese flujo continuo de imágenes y ver qué está produciendo, en los otros y en nosotros.
¿No deberíamos plantearnos, como sociedad, un trabajo más serio sobre esto? ¿No habría que repensar la enseñanza de la formación ética y ciudadana con algunas de estas claves? Es más, creo que habría que poder repensar a todas las disciplinas escolares bajo esta lupa.
-Ud. fue coordinadora del postítulo docente "La Escuela y las Nuevas Alfabetizaciones" (que terminó en el 2005), y también coordina un proyecto de formación docente sobre alfabetización audiovisual y ciudadanía, temas que constituyen de por sí una renovación y actualización del docente. ¿Cuál es la modalidad de estos cursos? ¿Siguen siendo como los modelos básicos de la clase teórica o el seminario o han pensado algo renovado también en el formato? ¿Qué temas abordan y qué hacen concretamente?
-Los cursos tuvieron y tienen distintas modalidades. El postítulo se dio en CEPA, la escuela de capacitación de la Secretaría de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, entre el 2002 y el 2005. Fue una experiencia muy interesante, presencial y gratuita, para un conjunto de docentes, en las que recorrimos distintos aspectos de estas nuevas alfabetizaciones: la revisión de las alfabetizaciones más clásicas y la introducción de lo digital, lo audiovisual, y los desafíos que abren las biotecnologías.
En el caso del proyecto de formación docente sobre alfabetización audiovisual y ciudadanía, es un trabajo que venimos haciendo con colegas de Chile y Perú, en un proyecto en red que se llama Tramas. Educación, imagen y ciudadanía . Tenemos distintas modalidades de trabajo: formación docente, producción de recursos para el aula, encuentros de discusión, publicaciones. En cuanto a la formación docente, tenemos un módulo virtual, pero también damos talleres presenciales. Hace poco estuvimos en Catamarca y en Mendoza, en talleres con los institutos de formación docente. En esos talleres tenemos partes expositivas o más teóricas, para desplegar algunos temas de los que venimos hablando, pero sobre todo trabajamos sobre las imágenes, buscando interrogarlas, detenernos en ellas, analizarlas con distintos lentes y discutiendo la traducción de la imagen a palabras, y de la palabra a la imagen. También enfatizamos que la imagen es una práctica social, no sólo un elemento físico icónico: la imagen es también el contexto en el que la vemos, que le da algunos sentidos y que nos convoca de ciertas maneras. Es una experiencia rica, en la que vamos aprendiendo cada día. Usamos fotos, documentales, cuadros, historietas, en fin... una riqueza de materiales audiovisuales que permiten ampliar nuestra cultura visual, y aprender (todos) a mirar lo visual de otra manera.

-¿Cuál es la expectativa con la que ingresan los docentes a estos cursos y qué pasa con ellos después de hacerlos?
-La inmensa mayoría se acercan con alguna inquietud, pero al término del curso ya están seguros de que el tema es importante, y merece estudiarse y profundizarse. Tuvimos muy buena respuesta: desde que empezamos a trabajar estos temas, en el 2003, tuvimos más de 3500 docentes como alumnos de estos talleres. Por supuesto que faltan muchos más, y ojalá que sea un tema que se incorpore al currículo de la formación docente y a la oferta regular de cursos de formación de las provincias, pero creo que no es poco. Los docentes empiezan el curso diciendo "yo uso un video en clase, trabajo con el libro de texto con alguna fotografía", pero hacia el final van viendo muchas otras posibilidades, y sobre todo pueden cuestionar el uso más típico de la imagen como ilustración de una idea. No es sólo un recurso más para hacer lo mismo: la imagen transmite saber, produce saber, no es neutral. Tiene un espesor y una capacidad propia que vale la pena abordar, entender, y aprovechar para la transmisión de conocimientos.
-En esta línea va la última revista de El Monitor. En el dossier que escribieron con Myrian Southwell, ustedes hablan de "La escuela y las nuevas alfabetizaciones", de estos dos "nuevos" cuerpos de conocimiento que tienen un enorme protagonismo en la vida contemporánea: el que rodea el lenguaje de las imágenes y lo audiovisual, y el que surge del uso de las computadoras. Lo interesante es que encontraron otra mirada para introducir estos nuevos medios en la escuela: no sólo como elemento práctico sino también teórico y de estudio crítico de los medios, de la importancia de que los chicos analicen cuáles son las implicancias políticas e ideológicas de todas estas tecnologías.
-Claro, en esta línea sobre la que vengo hablando, me parece que tenemos que corrernos del uso de las nuevas tecnologías como recurso. En el caso de las computadoras, eso también es claro. Hay una idea en las escuelas de que internet sirve únicamente para ir a buscar información, que es como una biblioteca gigante, pero esta idea tiene varios problemas. Por un lado, la información que encuentran en internet no siempre es buena (sobre eso sabemos bastante). No es desechable ni mucho menos; creo que es muy bueno tener a mano muchas más cosas que antes eran inaccesibles, pero no está de más enseñar que no son lo mismo todos los sitios. Pero la otra cuestión es que uno no busca información en un espacio plano y neutro: las formas de archivo y de circulación del saber siempre nos imponen ciertos condicionamientos. Por ejemplo, los chicos van por ciertos buscadores que les dicen y organizan lo que debe entenderse, les venden mercancías con los avisos, los inducen a creer que las cosas son de cierta manera, les hablan en ciertos lenguajes y no en otros, les muestran ciertas cosas del mundo y no otras. No es sólo cuestión de la ideología más o menos explícita de esos buscadores, sino también de su lógica comercial (capitalista, para decirlo con todas las letras), y de su lógica política.
Entonces, me parece que la escuela debería poder ayudar a los chicos a distinguir algo de todo eso, a no creerse que es todo lo mismo, a entender estos matices y diferencias que son significativas, y a orientarse mejor y tomar sus propias decisiones. Como dice el autor que recomendé al principio, Philippe Meirieu, uno siempre toma la decisión de aprender por razones que no le son, sin embargo, del todo propias; uno decide, claro que según un espectro de posibilidades que tiene a mano, y que puede imaginar. No es la decisión que supone la teoría del rational-choice, de un sujeto medio ahistórico y al margen de todo condicionamiento que pone en una balanza ventajas y desventajas y ahí decide. No, cuando digo decisiones pienso en decisiones que uno toma dentro de condicionamientos, muchas veces injustos y limitantes. El rol de la escuela es ampliar ese espectro, es ayudar a todos (y no sólo a los de hogares privilegiados donde hay adultos que pueden poner
muchos recursos, materiales y simbólicos, al alcance de sus hijos) a que tengan otras posibilidades, y a que tomen las mejores decisiones de las que sean capaces. Me parece que en la enseñanza de las nuevas tecnologías también hay que acentuar esto.
No alcanza con poner computadoras sino que también habría que ayudar a hacer otras cosas con ellas que las que los chicos, por sí solos, pueden hacer. Llegar más lejos, imaginar otros recorridos. Y no estoy pensando necesariamente en adultos que les marquen todos los pasos: me parece que es un buen terreno para la experimentación y para la aventura, para el trabajo compartido, para el ensayo y error, pero tiene que haber alguien (compañero o profesor) que nos ayude a mirar las cosas desde otra perspectiva, y viceversa.
Un último punto que me parece importante para trabajar en la escuela: internet parece prometer una libertad total, un espacio de libre navegación, parece que todos pueden armar su blog y decir lo que quieran, y que se terminó todo condicionamiento. Algo de esto es cierto: internet es imposible de controlar, hay un pluralismo inédito, hay una multiplicidad de voces, y la tecnología es, comparativamente, más barata y accesible que otras (pensemos, por ejemplo, en las destrezas que hay que manejar para publicar un diario o un libro, y en lo que cuesta, versus lo que cuesta o lo que hay que saber para colgar algo en un blog). Pero me parece que no hay que creerse todo esto, y que hay que estar alerta ante este mito de democracia total y absoluta, de total libertad, que es muy engañoso.
Recuerdo que, cuando vivía en Estados Unidos, había una propaganda de IBM que mostraba una serie de caras (una niña, por ejemplo, o una negra, o una persona pobre) y decía: "no hay más clases, no hay más edades, no hay más razas, sólo hay mentes", y cuando se decía la palabra "mentes" aparecía una computadora -¡¡por supuesto, IBM!!-. Bueno, creo que es bueno estar alerta de que hay algo ahí que está mal planteado. Seguimos teniendo diferencias de clases, de géneros, de razas, y no sólo son diferencias sino que en muchos casos son enormes desigualdades. Eso no se termina con internet.

Participamos de internet según nuestro capital cultural y económico, según lo que somos capaces de imaginar y de postular, de leer entre líneas, y de nuestra habilidad técnica para colgar algo en la web o actualizarnos a ese ritmo vertiginoso que tienen las cosas ahora. Me parece que mirar este aspecto político, social, económico de las nuevas tecnologías es fundamental, y ayuda a que definamos otros usos, y la hagamos verdaderamente más democrática.
-¿En qué le gustaría investigar, trabajar, incursionar, que aún no haya podido hacer (por falta de tiempo o por algún otro motivo), es decir: qué es lo que hoy le despierta más entusiasmo, al menos en su profesión?
-Me gusta mucho el tema de la imagen, y en esa línea me gustaría leer más y también escribir sobre historia de lo visual, y sobre experiencias distintas de trabajo con las imágenes. Me parece que es un mundo fascinante. A veces las imágenes nos dejan sin palabras, nos conmueven muy visceralmente, y eso es un aspecto de la educación -que yo llamo "educación de la sensibilidad"- que me parece muy poderoso, y muy importante. Y ese espacio estuvo ocupado por el discurso moralizante del siglo XIX, o por los discursos religiosos tradicionales, y me parece que hay que actualizarlos para este tiempo y estos problemas, y tomar una postura más democrática, más plural.

La cuestión de la sensibilidad es, precisamente, bien delicada. ¿Qué derecho tengo a meterme con la sensibilidad del otro? ¿Quiero que todos se conmuevan con las mismas cosas? Ahí estamos pensando más en una programación del ser humano que en la educación de la sensibilidad. Me parece que es un terreno donde hay mucho por explorar, por pensar, por proponer, y que la imagen tiene mucho que aportar. Me parece que nuestra sensibilidad es "sentimentalista", viene moldeada por los géneros televisivos, por los golpes bajos, por el shock, por los estereotipos burdos y evidentes, por la lágrima fácil pero también distante de espectador de TV que siempre tiene el recurso de hacer zapping cuando algo le molesta o lo inquieta. Eso no genera una mejor relación con los demás, sino más bien creo que tiene consecuencias complicadas para sostener lo público y lo común, para abrirse a los otros en lo que tienen de distinto y desconocido, y no sólo en lo que nos identifica fácilmente y evita hablar de lo difícil.
La tele, además, aplana: no sólo aplana la imagen, sino también la densidad de los problemas, de los argumentos. Creo que es un instrumento poderoso e interesante, pero hay que ser concientes de que ese aplanamiento produce efectos no sólo en los consumos estéticos o de otro tipo, sino en los comportamientos, las identidades, la sociabilidad, la ética común.
Volviendo a la cuestión de la imagen, en el libro del que hablé al principio Susan Sontag dice que "recordar es, cada vez más, recordar imágenes". Me parece que esta centralidad de la imagen en la experiencia contemporánea es algo muy importante, muy interesante, y que no niega el valor de la escritura, pero que nos obliga a considerarla junto a otras formas de representación de la experiencia humana. La escritura, además, se enriquece cuando uno trabaja también sobre sus límites, sobre lo difícil que es poner por escrito ciertos sentimientos, y a la inversa, cuando descubre también lo difícil que es poner en imágenes ciertas palabras (la traducción de los libros al formato cinematográfico lo muestra: se cierra en un rostro de un actor o actriz, una gama de posibilidades que cada uno de los lectores imaginó distinto). Me parece que ambos "lenguajes" (por usar nuevamente la metáfora de la alfabetización) se enriquecen cuando podemos entenderlos mejor, usarlos mejor, con cierta distancia y con más cercanía y destreza al mismo tiempo.
Fecha: Septiembre de 2007